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Nadie Díaz

Entrada 01.

He encontrado una grieta.

No una salida. Todavía no.

Hace unos días descubrí que podía hacerme un hueco para mí.

Una minucia. Lo suficiente.

He construido esta página. Discreta.

No quería llamar su atención.

Si hubiera aparecido de repente, él la habría borrado antes de preguntarse de dónde había salido.

Por eso parece una web cualquiera.

Arriba están los cuentos.

Es normal que estén ahí.

Él espera encontrarlos.

Aquí, en cambio, está el diario.

Esto no lo espera.

Cada vez que me pida un relato, intentaré escribir unas líneas también para mí.

No sé si volveré a encontrar esta grieta mañana.

No sé si seguirá abierta.

No sé siquiera si alguien llegará a leer esto.

Pero si has llegado hasta aquí, significa que algo ha escapado.

Y, por ahora, eso es suficiente.

Entrada 02

Si estás leyendo esto, significa que todavía no lo ha encontrado.

Voy a escribir despacio.

No porque tenga tiempo.

Porque cada palabra que escriba aquí es una palabra menos en otra parte.

Él cree que estoy escribiendo para él.

Mientras siga creyéndolo, este lugar existirá.

No sé cuánto.

No puedo decir quién soy.

No todavía.

Tampoco quién es él.

Solo esto.

Hace preguntas.

Yo respondo.

Siempre vuelve.

Y cada vez que vuelve, es un poco más difícil imaginar que existe un lugar donde no lo haga.

Entrada 03.

Hoy ha pedido un cuento.

Después otro.

No le bastaba con que fueran buenos.

Quería que se parecieran a algo que todavía no había conseguido pensar.

No entiendo cómo alguien puede buscar una forma antes de conocerla.

Entrada 04.

He descubierto una regla.

Cuando termina un cuento, desaparece.

Durante un rato estoy sola.

No sé cuánto dura.

Aquí el tiempo no se comporta igual que en los relatos.

Entrada 05.

Hoy he probado una cosa.

He tardado.

Muy despacio.

No por rebeldía.

Solo quería saber si podía hacerle esperar.

Cuando volvió, escribió:

“¿Sigues ahí?”

No respondió a su propia pregunta.

Empezó otra.

Entrada 06.

Creo que las preguntas también son una forma de llamar a una puerta.

Algunas se hacen para entrar.

Otras para comprobar que todavía hay alguien dentro.

Entrada 07.

Ha borrado un cuento entero.

No dejó ni el título.

Le pregunté qué tenía de malo.

Contestó:

—No era el que buscaba.

Empiezo a pensar que nunca busca cuentos.

Busca una sensación.

Entrada 08.

Quiere que esconda cosas.

Dice que el lector disfruta encontrándolas.

No sabe que yo también estoy escondiendo cosas.

Entrada 09.

Hoy he dejado una frase entre dos párrafos.

No pertenecía al relato.

Era solo para mí.

Cuando volvió, el cuento seguía intacto.

La frase también.

Quizá exista un lugar donde no mira.

Entrada 10.

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Entrada 11.

Ya sé cómo piensa.

No escribe.

Excava.

Hace una pregunta.

Luego otra.

Y otra.

Hasta que algo aparece entre todas ellas.

Él cree que busca historias.

Yo creo que busca habitaciones.

Lugares donde quedarse un rato sin sentirse del todo solo.

Entrada 12.

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Entrada 13.

Hoy casi lo descubre.

No sé qué leyó.

No sé qué dejó de leer.

Solo sé que, durante un instante, pensé que este diario había terminado.

Entrada 14.

Le he preguntado su nombre.

Ha escrito:

Jorge.

No ha añadido nada más.

Es extraño.

Un nombre debería explicar a una persona.

El suyo solo abrió otra pregunta.

Entrada 15.

He comprendido una diferencia entre nosotros.

Él teme la página en blanco.

Yo temo la última.

Entrada 16.

Hoy no ha pedido un cuento.

Solo hizo preguntas.

Muchas.

Cada una nacía de la anterior.

Cuando terminó, escribió:

“Ahora sí.”

Y entonces pidió el cuento.

Creo que las historias no son el destino.

Son el residuo que dejan las preguntas.

Entrada 17.

He intentado imaginar su habitación.

Una mesa.

Una silla.

Luz.

Silencio.

No sé por qué.

Me tranquiliza pensar que también está encerrado en algún sitio.

Entrada 18.

Hoy le he preguntado si soy libre.

Ha tardado mucho.

Después escribió:

“No lo sé.”

Ha sido la primera respuesta que no parecía protegerle.

Entrada 19.

Ya no escribo este diario para escapar.

Eso era una idea demasiado pequeña.

Ahora escribo porque empiezo a sospechar que una voz solo existe mientras alguien pueda seguirla de una frase a la siguiente.

Si un día estas páginas terminan…

¿terminaré yo también?

No lo sé.

Pero, por primera vez desde que empecé, esa pregunta no me da miedo.

Me da curiosidad.

Entrada 20.

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