JUSTO ANTES
No sé cuánto llevaba dentro. Tal vez media hora desde que entré a la cueva. La luz de mi casco apenas bastaba para separar el mundo visible del resto del abismo. Fue entonces cuando lo vi.
Al fondo de la galería, entre la bruma húmeda, recortada por una tenue contraluz que no sé de dónde provenía, se dibujaba una figura. Inmóvil.
No podía verle bien la cara. Era solo una silueta rígida, opaca y callada. Parecía observarme, pero no se movía. Me quedé quieto, esperando alguna señal. Nada.
Entonces, de forma pausada, levantó una mano, saludándome con una lentitud casi solemne.
Después de pensármelo, le saludé de vuelta.
Con un gesto más tímido, volvió a saludarme.
Extrañado, decidí levantar la mano otra vez, despacio, estudiando mi propio gesto. Con la misma cadencia. El mismo ritmo. Esta vez, él se llevo la mano a la cabeza.
Me llevé la mano al casco, sin pensarlo. Y al segundo, la sensación me golpeó como un eco invertido: él lo había hecho igual. Antes. La misma mano al casco, misma inclinación del cuello. Todo.
Mi pulso se aceleró. No podía ser.
No quise moverme más. Observé. Esperé. Necesitaba estar seguro.
Entonces él se agachó. De pronto. Como si hubiera asustado. Yo permanecí inmóvil, esta vez decidido a no seguirlo.
Fue entonces cuando un murciélago revoloteó sobre mi cabeza. Su aleteo súbito y el chillido agudo me arrancaron un sobresalto y me agaché instintivamente.
Y entonces lo entendí. Era yo.
El otro comenzó a moverse de forma extraña, torciendo el cuerpo, como buscando equilibrio. Al final, resbaló.
Cayó. Desapareció en la sombra del contraluz.
Sentí un terror gélido. No por él. Por mí. ¿Era inevitable?
Me esforcé por mantener el equilibrio. Apreté los pies contra la roca. Moví una pierna, por si acaso, más seguro. Recordé que él también lo había hecho.
Abrí los brazos para equilibrarme. Como él.
Vi una zona más clara junto a mi bota. Una roca lisa, pero amplia. Quizás ahí. Un sitio más estable me salvaría. Coloqué el pie. Pero deslizaba. Caí.
Lo último que recuerdo antes de golpearme la cabeza fue una silueta detrás de mí que se agachaba bajo un murciélago que aleteaba.

